Mientras todos se preguntan por qué, yo me pregunto ¿y por qué no?

martes, 19 de febrero de 2013

Veritas

Hoy quiero proponer la paradoja de Schrödinger. Este experimento fue concebido para explicar un problema de mecánica cuántica en 1935, pero nos sirve igualmente para abordar un problema filosófico-social de primer orden.
El experimento consiste en lo siguiente: en una caja opaca se encierra a un gato con una botella de gas venenoso. La botella se activa con un dispositivo en el cual hay una partícula radiactiva con un 50% de posibilidades de desintegrarse y activar el dispositivo, de manera que el veneno se libere y el gato muera.
La pregunta es, entonces, ¿el gato está vivo o muerto?
Hugh Everett da la siguiente respuesta: el gato está vivo y muerto a la vez.
Parece absurdo, pero, ¿cómo demostrar que el gato está vivo o muerto? En el plano filosófico, la pregunta tiene una trascendencia grandísima. Lo que propone Everett es que la realidad no existe. Para él, el gato está vivo y muerto, y la diferencia está en lo que el espectador conoce. Si yo creo que el gato vive, entonces está vivo, y si tú crees que está muerto, entonces lo está.
Esto es un grave error. El gato está vivo o muerto, independientemente de que nosotros lo sepamos o no. Si el gato está muerto y yo creo que está vivo, es un error. Con esto quiero demostrar que la verdad existe.
Las cosas son de un modo. Quizá no sepamos cómo son, pero desde luego son de algún modo. Lo mismo es aplicable a la ética: hay cosas que están bien y cosas que están mal. Puede que no sepamos cuáles son, pero desde luego las hay.
Es triste tener que decir que la verdad existe, pero la gente parece haberlo olvidado. Parece que hoy en día haya muchas verdades: cada uno construye la suya.
- No, disculpa, es que mi verdad es que el gato está vivo.
- Ah, me parece perfecto. Mi verdad, en cambio, es que el gato está muerto.
Podríamos vivir una conversación de este estilo y no inmutarnos. Pero, por bonita que sea esa teoría de que todo es relativo, y que la verdad no existe, y todas esas cosas, no puede ser.
Uno de los dos se equivoca. El gato solamente está muerto o vivo. La filosofía de Everett consiste en decir que la verdad no está fuera de cada uno, sino en nuestro interior. Según él, cada cual crea su mundo, y el mundo existe de modo intramental, pero no de modo extramental. Solamente existe lo que yo pienso. La realidad no es la realidad, sino mi visión de la realidad. En mi opinión, esto no es más que una mala excusa para evitar confrontaciones y para huir de los propios miedos.
Os propongo otro experimento para demostrar la validez de mi teoría. Llenemos una habitación de muebles. A continuación, decimos a alguien que no haya visto la habitación:
- Oye, te voy a poner un antifaz y te voy a meter en esa habitación. La habitación está vacía, y te pido que camines en línea recta.
En la mente de nuestro amigo hay una habitación vacía. Según Everett, para él la habitación está vacía; es su verdad, tan válida como la de cualquier otro. Sin embargo, en cuanto soltemos a nuestro desdichado amigo en la supuesta habitación vacía, se dará de morros con el primer armario. Es decir, que aunque nuestro amigo no conociera la existencia del armario, estaba allí.
Con esto quiero reivindicar la verdad, que existe, por mucho que la gente se empeñe en hacerla desaparecer. ¡La verdad existe! ¡La realidad no es relativa! Cada uno es muy libre de pensar lo que quiera, pero eso no significa que lo que piense sea cierto.

Y esto es todo por hoy. Tan solo quería advertir de la falsedad del relativismo, que tanto mal está haciendo al mundo.

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