Antes que nada quisiera advertir de que voy a hablar sin ningún conocimiento de causa, y que por lo tanto las opiniones que pueda dar tienen poco fundamento.
Para mí, las nuevas tecnologías son las redes sociales, los smartphones y el Internet en el móvil principalmente. Y quisiera desarrollar mi tesis sobre una frase que escuché no hace mucho: "las nuevas tecnologías nos acercan a gente lejana y nos alejan de gente cercana".
Y creo que es una grandísima verdad. Cuántas veces vemos que en una reunión de amigos cada uno saca su móvil y se dedica a hablar con alguien que está al otro lado de la pantalla, dejando de lado a todos los que están a su alrededor. Esto podría considerarse una falta de educación, pero yo creo que esto va más allá: creo que es un vicio, una adicción en toda regla.
Y es que la semana pasada presencié una escena como la descrita arriba pero con una salvedad: todos los allí presentes estaban manteniendo una conversación entre sí, ¡pero por el grupo del WhatsApp!
Fue un poco absurdo, porque había cinco personas sentadas juntas en unos sofás y ninguno decía palabra, sino que hablaban entre ellos con una aplicación para el móvil.
En este sentido, creo que las nuevas tecnologías hacen daño a la sociedad, disminuyendo la capacidad de relación interpersonal y promoviendo el individualismo y el aislacionismo personal.
Hace poco más de un mes asistí a una conferencia sobre Faceboock titulada "El Espejo de Blancanieves". El ponente demostró a través de estadísticas que el perfil de una persona en Facebook -y, por extensión, en cualquier red social- no refleja la realidad, sino solamente aquella parte de la realidad -habitualmente maquillada- que uno quiere que se conozca, o que la gente quiere conocer.
Sobre esta teoría caben discrepancias y, de hecho, yo discrepo en algunos puntos, pero no voy a entrar en eso ahora. Yo quería llegar a la conclusión de que, además de los problemas antes citados, las nuevas tecnologías y, en concreto, las redes sociales, llevan a la creación de una pseudopersonalidad en Internet, una persona distinta de la real que opera en la red.
Pero no todo es malo en las nuevas tecnologías. Con ellas podemos mantener el contacto con personas lejanas, esto es cierto. A través de Tuenti, por ejemplo, yo mantengo contacto con amigos de Alicante o de Madrid, y suelo utilizar el correo electrónico para comunicarme con un amigo que vive en Ecuador.
Así pues, las nuevas tecnologías han acortado distancias en la comunicación a lo bestia. A través de Skype puedes ver y hablar con una persona que esté en el otro lado del globo sin ningún problema y a tiempo real.
Por otra parte, las nuevas tecnologías han hecho nuestra vida mucho más cómoda. Desde que tengo WhatsApp ya no sé lo que es una llamada telefónica y, desde luego, nada de SMS.
Así que mi conclusión respecto a las nuevas tecnologías es que son como el alcohol: hay que hacer un uso responsable. Si se usan bien son herramientas utilísimas para la vida cotidiana o para mantener el contacto con gente físicamente lejana, pero mal utilizadas pueden llevar a la sustitución de la persona real por una persona ficticia y a dejar a dicha persona socialmente inutilizada.
Por último, una canción de Tiziano Ferro:
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