Mientras todos se preguntan por qué, yo me pregunto ¿y por qué no?

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Sexista e injusta

Como prometí, voy a hablar hoy de la educación privada. Ya comenté en la entrada anterior que estudio en un colegio privado de educación diferenciada. Por ello fui víctima de amenazas de muerte (por cierto que los criminales en cuestión se han dignado a lanzar unas cuantas piedras contra las ventanas del edificio, de noche y sin ser vistos, claro).
Sexista e injusta. Así suele definirse el modelo educativo en el que participo como estudiante. El objetivo de esta entrada es, principalmente, desmentir (razonadamente) estas dos acusaciones infundadas. No por desmentirlas digo que este modelo sea mejor, pero sí aseguro que es legítimo. Quería aclarar este punto antes de empezar.
Sexista. ¿Por qué? ¿Porque separa a chicos y chicas en centros diferentes? Los centros de varones y mujeres tienen las mismas condiciones y están al mismo nivel en cuanto a educación, instalaciones, etcétera. Entonces, podemos decir que nadie es discriminado. Por lo menos machista no es.
Bien, entonces, ¿qué problema hay en que se separe a los chicos de las chicas? ¿Qué ventajas se obtienen de que estén juntos? En la práctica, ninguna. ¿Y qué ventajas se obtienen de separarlos? Quienes defienden este modelo aseguran que, al madurar los dos sexos a un ritmo distinto, la separación por sexos facilita el aprendizaje tanto a chicos como a chicas y la docencia al profesor. Respecto a esto me declaro escéptico. Pienso que, aunque, en efecto, las mujeres maduran antes que los varones, cada persona es un mundo. También hay chicos que maduran antes que otros -lo vivo en mis carnes- y estamos todos en la misma clase.

 Pero dejando a parte el asunto de si es mejor o no, podemos afirmar que desde luego peor no es.
También tachan a la privada de injusta. Injusta... ¿por qué? ¿Porque no todos pueden acceder a ella? ¿Porque oferta un educación distinta a la pública? Veamos. Cada uno es libre de elegir dónde qué educación quiere dar a sus hijos (de momento no vivimos en un país totalitario donde el Papá Estado dice qué toca estudiar) Si una familia quiere educar a sus hijos en un colegio británico, en uno para deportistas o en uno católico, tiene todo el derecho del mundo a hacerlo. La Educación Pública, por supuesto, no debe asegurar que existan colegios británicos, para deportistas o católicos. No debe hacerlo porque no todo el mundo pide este tipo de educación. El Estado debe asegurar una Educación Pública de calidad, en la que los alumnos puedan adquirir los conocimientos básicos para poder entrar en el mundo universitario o en el mundo laboral. En cambio, si una familia prefiere, además de estas competencias, hacer que su hijo se forme en idiomas, en lo físico o según una moral concreta, es libérrima para elegir.
¿Qué hay de injusto en eso? El hecho de que yo estudie en un colegio privado no quita oportunidades a nadie, y en teoría yo salgo tan preparado como un alumno que estudie en un instituto público.

 ¿Por qué, entonces, se dice que la privada es injusta? ¿Porque recibe dinero público? Eso se ha de matizar. La educación privada no recibe un céntimo del Estado. La educación concertada, en cambio, sí. Pero ese dinero no lo da el Estado a centros concertados en virtud de nada. Lo da porque eso es lo justo. Las familias de los colegios concertados también pagan impuestos para la educación, y prefieren que se inviertan en estos centros. Pero bueno, también las familias que educan a sus hijos en centros privados pagan impuestos, ¿por qué la educación privada no recibe subvenciones? Pues también es bien simple: porque en ella el Estado no toma cartas y, por tanto, no aporta nada. Todo depende de la iniciativa privada. En la concertada el Estado toma algunas decisiones: en la privada no. Ahí radica la diferencia. Así que tampoco por esto podemos decir que la privada es injusta.
Se me ocurre una última posibilidad de acusación, y es que no todo el mundo tiene acceso a la educación privada. Quizá es cierto. Aunque quizá no. Quiero decir que, en efecto, no todo el mundo tiene acceso a la educación privada por razones económicas. Pero también es cierto que muy mal tiene que estar la cosa para no poder pagar un centro de este estilo -si se pone auténtico esfuerzo-. Existe un sistema de becas -en el cual participo- y en el que se tienen en cuenta no solamente las posibilidades de las familias, sino también el rendimiento que los alumnos becados sacan de dichas becas. Lo cual, por otra parte, es completamente lógico. Eso por una parte. Por otra parte es una cuestión de prioridades. En Economía se le llama coste de oportunidad. Al obtener un bien, se renuncia a otros. Quizá una familia de prioridad a la educación de sus hijos antes que a otros bienes -coches, segundas viviendas...- de manera que renuncie a éstos para que sus hijos estudien en un centro concreto. Si una familia, en cambio, está contenta con la educación pública, o no tiene interés en ningún tipo de centro privado, o, simplemente, tiene otras prioridades, puede prescindir del gasto que supone un colegio privado.
Y dicho esto doy por concluidas mis razones para afirmar que la educación privada diferenciada ni es sexista ni es injusta.
Pero antes de terminar la entrada de hoy, un último apunte sobre la educación diferenciada. ¿Qué es mejor, la educación mixta o la diferenciada? Ahora que ya he dejado claro que la diferenciada no es ni sexista ni injusta, es el momento de abordar este tema. ¿Cuál es mejor?
He estudiado la Educación Primaria en un centro público, y la ESO en uno privado, de modo que hablo con conocimiento de causa. Y en base a mi experiencia personal, me atrevo a afirmar que ninguna es mejor que la otra. El rendimiento que el alumno saque de las clases depende de la calidad del alumnado y la del profesorado, y no de si la clase está formada por chicos, chicas o ambos.
Si en una clase hay buenos estudiantes y buenos profesores, esa clase llegará a lo más alto, independientemente de por quién esté integrado el grupo. Si una clase tiene malos estudiantes o malos profesores no llegará muy lejos. Y esa es la cruda realidad. El que quiere estudiar, estudia; y el que no quiere, no. Con un buen profesor es mucho más fácil. Y con un buen profesor y unos buenos compañeros todavía más fácil. Pero si tus compañeros son varones o mujeres, a mi entender, no influye en absoluto. A pesar de todo, libertad ante todo. Y respeto, por favor.

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