Pero mira tú por dónde, resulta que he ido a Misa y he decidido dejar esta pequeña entrada en el ciberespacio para que si alguien la lee alguna vez recapacite un poco sobre el tema.
Y es que quiero hablar de la belleza de esa ceremonia tan poco conocida. Sí, sabemos que existe, y que se supone que hay que ir los domingos, y todo eso... pero no sabemos lo que es en realidad la Misa. Cuando he entrado en la iglesia, un puñado de viejas desafinadas esperaban sentadas en los bancos cuchicheando el cotilleo del día. Entonces suena una campana y se hace el silencio. El sacerdote sale revestido a celebrar el Santo Sacrificio. Besa el altar en el que se entregará la víctima y entonces empieza la ceremonia "en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo". El ministro pronuncia las palabras llenándolas de sentido, gesticula lo marcado por la liturgia -ni más ni menos, sin hacer extraños aspavientos- con una unción admirable. Y en el momento central, la consagración, repite las palabras de Cristo en el cenáculo, convirtiendo por estas y la efusión del Espíritu Santo el pan en Cuerpo y el vino en Sangre de Cristo. Y no de una manera metafórica, sino de un modo tan real que nos asombra.
Una evidencia, según dicen los filósofos, es una realidad que antepone su verdad a mi conocimiento. Pues bien, la consagración no es una evidencia. El pan sigue pareciendo pan y el vino sigue pareciendo vino. Y aquí es donde entra la fe. Dios está verdadera y absolutamente presente en la Hostia Santa y en el cáliz consagrado. Pero esta realidad, tan verdadera como el cielo y la tierra, no se nos presenta de manera evidente. La Eucaristía es la manera en que Dios puede estar más cerca de nosotros sin forzar nuestra voluntad. Nos pide una confianza, una fe, de la que somos incapaces, que es don.
Pero bueno, este tema daría para reflexionar largo y tendido. Yo quería centrarme en el rito de la Misa. Y es que la liturgia es así, pero podría no serlo. Las palabras y los gestos que rodean a ese misterio central del Pan y del Vino las hemos inventado los hombres y, por tanto, tienen una tradición. La liturgia de la Misa -la occidental, la que conocemos- sigue, en general, una tradición roma. Y es que los romanos, en los sacrificios que hacían a sus dioses, seguían un esquema similar al de la Misa, y sacrificaban animales en altares como los nuestros. De hecho, ¿sabes de dónde viene la palabra Misa? Pues fíjate que en los sacrificios paganos, una vez sacrificada la víctima, el sacerdote terminaba diciendo: "Ite, missa est", que significa: "Marchaos, ha sido enviada" (la víctima a los dioses). Y los primeros cristianos copiaron ese esquema. Y al final de la Misa decimos aquello de los romanos, que en castellano se traduce (erróneamente) como "Podéis ir en paz".
Pues esto es algo que a mí me ha llamado mucho la atención. Y es que existe una analogía entre el sacrificio de un animal y el sacrificio de la Misa. Cristo se presenta como Cordero sacrificado como ofrenda agradable a Dios. Cristo es Sacerdote, Víctima y Altar. Es algo impresionante. Dios mismo se hace víctima para salvar a la humanidad. Y ahí reside la gran diferencia. En los ritos romanos, un hombre hacía la ofrenda de un animal a los dioses. En la Santa Misa, es Dios quien se ofrece a Dios a través de Sí mismo en la figura del sacerdote. Es algo inenarrable.
Y mientras todo eso sucedía sobre el ara del altar en unos escasos tres minutos, yo estaba pensando que tenía que ir a comprar unas cosas, y terminar unos deberes, y que el sábado he quedado para... desde luego, soy un payaso.
D.O.G.
PD: El vídeo no tiene nada que ver, pero me mola la canción.
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